Conozco a muchos seminaristas, políticos “cristianos” que profesan credos opositores. Son protestantes, atalayos y hermanos de la caridad, dispensadores de bendiciones pero que, todos ellos eluden rigurosamente siquiera mencionar la doctrina del rabino de Galilea: “Regresa hijo mío, ve y vende tus bienes, regálaselos a los pobres y luego sígueme”.
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