Es vieja la usanza de separar al gobierno del pueblo. Los castillos medievales, las murallas, desde Jericó hasta Campeche, han activado el menester de fortines, para que a sus aposentos sólo accedan familias, vecinos, gente identificada y no haya cabida para ningún intruso sin linaje o apostasía, menos para disidentes o refractarios al régimen gobernante.
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