Por César González Guerrero.
No solo se deben honrar los héroes y heroínas, también en nuestras familias tenemos la obligación moral de hacerlo. Por supuesto, con sus excepciones y por diferentes razones, existen quienes no estarán de acuerdo. En lo personal considero que, principalmente los hijos, sí debemos hacerlo, con nuestros seres queridos. Honrarlos, siempre será un orgullo.
Este 25 de marzo del 2025, recordamos con mucho sentimiento, el nacimiento de mi madre Cohinta Guerrero Aparicio, está misma fecha, pero del año 1925. De vivir hoy estaría cumpliendo 100 años.
En aquel entonces, su padre Francisco Aparicio Bracamontes, se distinguía por ser parte importante en las administraciones municipales de Copala, fungiendo como auxiliar y Secretario de los Presidentes en turno.
Mientras que su señora madre, Petra Guerrero Tejada, atendía un modesto "puesto" o "changarrito", instalado en su domicilio particular.
De ahí que mi madre Cohinta, también aprendió, desde muy pequeña, y parte de su juventud, a ser una mujer emprendedora.
Al contraer matrimonio con mi padre Santacruz González Cortes el 21 de diciembre de 1950, recién llegado del poblado de Monte Alto, municipio de San Marcos, procreando a sus hijos Javier, César, Delta y Yolanda. También Remedios, que falleció muy pequeña. Como hijas de "crianza" son consideradas, Amada y Nerida.
La vida de Cohinta, como la de todas las mujeres madres de familia de origen campesino, fue de esfuerzo, sacrificio y sufrimientos. Sobretodo, a falta de sus padres. Como es el caso de su padre que murió en 1952 y su madre en 1953.
En su etapa juvenil, por sus cualidades, participaba en los eventos cívicos como declamadora o con sus famosas e historicas Loas (alabanzas) y Tribuna Libre.
Muy destacada fue su participación en las candidaturas para Reyna de las fiestas patrias, desde luego, por reunir las características de juventud, belleza e inteligencia. Precisamente, a través de esos eventos, se recaudaban fondos para la construcción de pequeñas obras sociales en beneficio del pueblo.
Hay evidencias de ello, y aún viven algunas de aquellas damas. Por cierto, sería oportuno que las autoridades deberían reconocerles su actividad, en vida.
Cohinta, y todas las mujeres talentosas, de todos los pueblos no deben ser olvidadas. Es necesario rescatar parte de sus acciones, para ejemplo de las nuevas generaciones.
Ya en su calidad de Esposa y madre, tuvo la experiencia nada agradable de ver partir a mi padre, en el programa Bracero, quedando por varios meses, al frente de la responsabilidad del hogar.
Por si fuera poco, tuvo que apoyar la actividad campesina de mi padre, en las duras jornadas diarias del campo.
Como parte de sus diversas actividades solidarias con mi padre, se mencionan las siguientes: compraventa de marranos, Matancera y presidenta del DIF municipal.
En plena etapa de su vida, disfrutó de las bellezas de México, visitando algunas ciudades.
En cada uno de sus viajes comentaba parte de sus frases o anécdotas, como aquella que expresó al hospedarse en un hotel de más de 10 pisos, en Guadalajara, y desde la ventana mirar la panorámica dijo... "Guadalajara en un llano, México en una laguna...".
Porque si bien es cierto que hubo tiempos difíciles, también es verdad que, después de todo, y haber superado problemas de todo tipo, la convencíamos y logramos que aceptara acompañarnos a visitar algunas ciudades. Lo que no fue nada fácil, porque dejar su casa y sus animalitos fue un motivo para no salir.
Mi madre Cohinta, falleció a la edad de 81 años y sus restos reposan en la misma tumba de mi padre, en el panteón de Copala.
!Viva Cohinta Guerrero Aparicio!
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