
Por Andrés Arias Jurado/Director Artículo de Opinión
Imagen: https://smn.conagua.gob.mx/es/
(Desde mi trinchera, he visto cómo el cielo sobre Guerrero no es una simple cortina; es un ente vivo que dicta la vida del poblador. Los ciclos climáticos aquí no son solo datos meteorológicos: son amenazas que se viven en la piel, en el lodo de los caminos o simplemente cuando vas a cruzar un arroyo)
Acapulco, Gro., 3 de agosto de 2026.- La atmósfera sobre Guerrero ha vuelto a mostrarse indomable. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ha dibujado un panorama de dualidad extrema: por un lado, la fuerza ineludible de una onda tropical que promete aguaceros torrenciales; y por el otro, la obstinada persistencia del calor veraniego que no cede con la llegada del agua.
Este es un recordatorio más, amigo lector, de lo que significa vivir en esta tierra vibrante pero compleja: los elementos nunca nos perdonan su indiferencia.
El embate del Agua y el Riesgo Inmediato
La noticia principal que traen las nubes es el paso de la Onda Tropical número 23 al sureste mexicano, con desplazamiento hacia el oeste sobre el océano Pacifico.
No hablamos solo de lluvias ligeras; estamos ante un sistema que trae consigo una compleja interacción de circulaciones ciclónicas, vaguada en niveles medios, y un frente frío cercano que se posicionarán sobre Guerrero este y sur.
Los reportes advierten con cifras elevadas: entre 75 y 150 milímetros podrían caer nuestras comunidades costeras y las zonas más al interior del estado. Cuando estas cantidades de agua caen en poco tiempo—acompañadas, ojo, de descargas eléctricas y hasta granizo—el peligro deja de ser solo la lluvia.
Aquí es donde mi experiencia me obliga a hacer una pausa. Los aguaceros torrenciales no llegan vacíos de riesgos. Nuestros arroyos y ríos, que desde hace décadas hemos visto crecerse con el tiempo y los desvíos urbanos, tienen un umbral de resistencia muy fino. La saturación del suelo por la lluvia rápida es la receta perfecta para:
Deslaves: Especialmente en las laderas de nuestras montañas y zonas más pobladas, donde la pendiente nunca debe ser subestimada.
Inundaciones repentinas (crecidas): El cauce puede desbordarse sin previo aviso, dejando atrapados a los vecinos o anegando propiedades que creíamos seguras.
El mensaje es claro: el agua trae vida, pero también exige respeto y la máxima preparación.
La Canícula, un recordatorio de fragilidad
Y justo cuando parece que el alivio lo traerá el aguacero, el clima nos recuerda que aún no hemos terminado con el verano. A pesar de las nubes grises y los relámpagos, la canícula se resiste a marcharse completamente hasta el 15 de agosto.
Esto es un fenómeno engañoso. La lluvia puede aliviar temporalmente, pero la energía acumulada del calor sigue presente, intensificándose por momentos. Esta combinación de humedad alta con picos de temperatura repentina es agotadora, tanto para nuestros cuerpos como para la infraestructura. El riesgo no solo es el golpe de calor directo, sino también el efecto combinado en la salud comunitaria: fatiga, dificultad respiratoria y un desgaste general que nos deja más vulnerables ante cualquier eventualidad.
Un llamado a la vigilancia colectiva
El reporte meteorológico, técnico en su lectura, exige una acción profundamente humana y comunal. No podemos dejar esto solo al ámbito de los expertos; es tarea de cada vecino, de cada comerciante, de cada familiar que transita por estas vías.
Hago un llamado enfático –y lo hago con el peso de mis 29 años cubriendo la realidad guerrerense– a atender con máxima disciplina las alertas del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y, sobre todo, seguir sin excepción las directrices que emite Protección Civil en nuestras localidades.
¿Qué significa esto en la práctica? Significa revisar los desagües de nuestra calle antes de que el agua llegue. Significa saber qué camino es más seguro cuando se detecta un deslizamiento. Y significa reconocer que la naturaleza, sea cual sea su manifestación (el río desbordado o el sol abrasador), siempre tiene la última palabra sobre nosotros.
Guerrero nos espera con sus dos caras: una de potencia y otra de riesgo latente. Que la prudencia sea nuestra mejor herramienta este ciclo climático.
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