
Por Andrés Arias Jurado
Hoy el balón rodó en un escenario de gloria. México, con una actuación sólida y tres puntos recién adquiridos, abrió su participación en el Mundial 2026 con la victoria ante Sudáfrica. El encuentro fue una cátedra de esfuerzo físico: la presión del equipo rival generó múltiples golpes que culminaron en dos expulsiones, dejando al Tri en mejores condiciones tácticas para empezar.
La euforia comenzó temprano. A los ocho minutos, la combinación entre Lira y Quiñonez no solo abrió el marcador, sino que encendió una chispa de esperanza nacional. El segundo gol llegó con la clase de remate de cabeza de Raúl Jiménez en el complemento, sellando un triunfo merecido.

Es fácil dejarse llevar por el vértigo del juego. Pero como periodista que lleva 29 años documentando las cicatrices de Guerrero, sé que estos momentos tienen un valor más allá de los tres puntos. El fútbol es una válvula de escape social. Es un espacio donde la colectividad se permite suspender sus cargas: deja en pausa los recuerdos de los temblores, la ansiedad económica y el persistente dolor de la violencia.
Es una catarsis necesaria. Por unos minutos mágicos, todos compartimos la misma emoción, la misma esperanza desenfrenada. Y por eso, aunque las batallas más complejas sigan allá, en nuestros barrios, en nuestros pueblos mágicos, hoy celebramos con todo: ¡Que viva México!
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