
Por César González Guerrero.
Quizá existan algunos países, como México, en donde las celebraciones del mes de diciembre son esperadas por sus habitantes, con mucho entusiasmo, fe y esperanza.
Parece que son los días más oportunos para expresar los mejores deseos. Aunque lamentablemente, en algunos casos no se logran alcanzar.
Independientemente de ello, la gente no pierde sus ilusiones por ser feliz y superar sus tristezas. Por supuesto, habrá quienes sí logran la felicidad, aunque sea por algún corto tiempo. Es válido.
En las grandes ciudades, contrario a los pueblos rurales, las celebraciones empiezan desde septiembre, siguen en octubre y noviembre, con los tradicionales arreglos de iluminación que alegran los corazones y embellecen el entorno de sus modestas viviendas y vialidades.
Con sus limitaciones económicas se preparan, con anticipación en lo espiritual y material.
En los humildes hogares campesinos también lo hacen pero simbólicamente, sin lujos, tampoco cenas abundantes, eso sí disfrutan de un ambiente familiar que une y fortalece el espíritu. Hay calidad moral.
Las celebraciones de Nochebuena, Navidad y Año Nuevo, en las comunidades son auténticas y originales. Nada sofisticado y nada ostentoso.
Recuerdo que, en nuestra familia, en Copala después de los años 1980 hasta el 2000, logramos convivir algunas celebraciones, al lado de los abuelos, padres, tíos, hermanos, primos, y a veces hasta de amistades que nos visitaban en esas fechas.
Después de fallecidos los abuelos y padres, esas reuniones, lentamente pasaron al olvido. Ahora nada es igual. La familia se dispersa en diversas ciudades, para celebrar las fiestas junto a sus familias cercanas.
Ya son escasas las convivencias que promueven la unidad y la armonía familiar. Y si las hay, la asistencia es mínima, fría y sin el ánimo que había hace más de 30 años. Algo pasó o algo está pasando.
Quienes hacemos el esfuerzo por rescatar esa cultura de la convivencia familiar, también se nos complica, y los tiempos de igual manera no nos permiten hacerlo. Ojalá y las nuevas generaciones logren hacer lo que hicimos hace años. Eso deseamos.
Mientras eso ocurre, sigamos insistiendo en hacer realidad los deseos de ¡Feliz Nochebuena! ¡Feliz Navidad! y ¡Feliz Año Nuevo!
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