
Por Marcos Lorenzo
Acapulco no deja de mostrar sus grietas. Aunque las mañanas transcurran con el sonido habitual del mar o los motores, esta tarde lunes recordará una escena cruda que vuelve a pintarse sobre la calle Málaga. Las Playas, un fraccionamiento que debería ser sinónimo de resiliencia y tranquilidad para sus habitantes, fue escenario de otro violento estallido que subraya la persistente sombra del crimen organizado en nuestra región.
Los hechos ocurrieron poco después de las 16:00 horas.
El relato policial es frío en los detalles, pero la tragedia es visceral. En un punto ciego de la zona —cerca de un autolavado—, un hombre se convirtió, de manera abrupta e instantánea, en víctima de disparos. Dos individuos, montados a bordo de una motocicleta que fue su vehículo de escape, ejecutaron el acto y huyeron con la rapidez del miedo o la impunidad.
Minutos después, el protocolo se activó.
Llegaron patrullas de los tres niveles de gobierno; llegaron peritos de la Fiscalía General, cuyo trabajo reconocemos que es arduo: desarmar el caos para entender lo que sucedió. Recabaron indicios, se procedió al levantamiento del cuerpo y su posterior traslado, iniciando un enigmático proceso legal que nos deja más preguntas que respuestas.
Este incidente no es solo otra nota roja de que se archivara en una caja negra; es un recordatorio doloroso de la vulnerabilidad que viven miles de acapulqueños. El crimen sigue operando bajo el velo de la impunidad en nuestras zonas turísticas o en habitacionales, desafiando la rutina y negándonos a los acapulqueños momentos de paz.
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