*El mensaje violento contra la política local no es un evento aislado en este municipio de la Costa Grande.
Por Marcos Lorenzo
Coyuca de Benítez, Gro., a 10 de junio de 2026.- La Costa Grande de Guerrero volvió a ser marcada por la violencia, esta vez con una mancha de sangre que se extiende desde el corazón político de Coyuca de Benítez.
La tarde del pasado miércoles fue testigo de un ataque armado en El Papayo que culminó trágicamente con el asesinato de Ermelo Rivera, aspirante del partido Morena a la alcaldía del municipio, y otra persona que lo acompañaba.
Los hechos, confirmados por los primeros reportes policiales, indican que fueron acribillados en el interior de una camioneta Pick Up de doble cabina por delincuentes armados.
Los dos individuos fallecieron en el interior del vehículo. Las labores de las distintas fuerzas de seguridad —incluyendo peritos— se movilizaron minutos después para atender a los occisos y realizar las diligencias correspondientes.

Por ahora, la Fiscalía ha declarado que es desconocido tanto el móvil como la identidad de los responsables. Sin embargo, un simple hecho histórico lo cambia todo: este no es un incidente aislado. Al tratarse del primer acto violento documentado contra un aspirante político en vísperas de las elecciones del 2027, este crimen trasciende lo local y se convierte en una alarmante advertencia para la democracia guerrerense.
La pregunta que queda flotando sobre este hecho es: ¿Qué mensaje enviaron los atacantes? Cuando la violencia apunta a la aspiración política, ya no está peleando un grupo criminal contra unos civiles; está luchando contra las instituciones y con el futuro de Coyuca de Benítez.
El asesinato del aspirante Ermelo Rivera, el primer ataque visible contra un candidato para las elecciones del 2027, no es solo un hecho criminal. Es un mensaje de terror dirigido a la ciudadanía y a cualquier persona que se atreva a oponerse al statu quo de alguien. Los agresores nos recuerdan, con una brutalidad desmedida, quién tiene el poder real en esta tierra: el miedo.
Cuando los políticos compiten, deberían hacerlo bajo el imperio de la ley, no bajo el filo del arma. Cuando las aspiraciones electorales son selladas con un ataque armado, lo que estamos viendo es la criminalización de la democracia. Se nos están negando elecciones limpias; se nos está quitando el derecho al disenso pacífico.
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