
*La SEFODECO honra el arte ancestral del telar de cintura de Metlatonoc y Cochoapa
Por Andrés Arias Jurado/Periodista Cultural de Guerrero
Metlatonoc, Gro., a 21 de agosto de 2026.- Detrás de cada puntada en un huipil no solo hay color o hilo; hay memoria. Hay siglos de saberes transmitidos con la paciencia de quien sabe que su arte es más valioso y resistente que cualquier material moderno.
Este sentimiento fue lo que nos cobijó este pasado 21 de agosto, día en que en Metlatonoc y Cochoapa se dio reconocimiento a un legado textil del XIX Concurso Regional de Hilado y Tejido del Huipil.
Para quien ha cubierto la vida guerrerense desde hace casi tres décadas, entiende que este tipo de eventos trascienden lo meramente festivo. Es una cita crucial con las raíces, la afirmación sonora de que el telar de cintura, esa herramienta milenaria y profundamente femenina, sigue latiendo fuerte en la Montaña.
Ver a 152 artesanas y artesanos participar —representando un conocimiento tan especializado como para desglosarlo en categorías técnicas— es entender la majestuosidad del oficio.
El concurso no solo premia; educa al público sobre una taxonomía textil profunda que va desde el Huipil Relleno (XIKUN KI´N), hasta el de Amarre (XIKUN YO´O), pasando por las delicadas piezas complementarias como los caminos y servilletas. Es un diálogo complejo entre la mano experta, la disciplina ancestral y la creatividad que se permite florecer en cada fibra de algodón o lana.
Este reconocimiento, impulsado por el Gobierno Estatal a través de la SEFODECO, tiene una dimensión vital más allá del apoyo económico entregado —una bolsa total que suma $270 mil pesos—. Es un acto simbólico profundo: formalizar ese saber y hacer. Al entregar las credenciales plastificadas como "persona artesana", se le otorga un valor social y legal a lo intangible: al saber tejer, al conocimiento transmitido de generación en generación que amenaza con desvanecerse con el tiempo.
Lo más hermoso de esta crónica no son los premios, sino la dignidad con la que estas maestras tejedoras han defendido su oficio. Ellas no solo están confeccionando prendas; están cosiendo el alma y la identidad de nuestra cultura guerrerense. Están narrando historias de vida en cada urdimbre y trama.
Que este concurso sirva como un recordatorio de que nuestro arte es tan resistente, vivo y vital como el hilo que pasa entre los dedos. Y ese tapiz, con sus colores vivos e historia profunda, sigue siendo el mayor tesoro incalculable de Guerrero.
Este reconocimiento fue otorgado también en días pasados a las artesanas indígenas de la región de la región amusga de la Costa Chica.
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