
Por: Jaime García
Aunque la neta no creo que las misas lo salven de la prisión, ni de la justicia de los hombres, tengo que reconocerlo: el ex gobernador Ángel Aguirre Rivero, el famoso Papá Layo, aún cuenta con un importante capital político en Guerrero y con aliados leales, incluso en la adversidad.
Y es que el 6 de agosto pasado no fue cualquier día. La FGR de Ernestina Godoy lo detuvo en Tepotzotlán, Estado de México, y esa misma tarde ya iba ingresando al penal del Altiplano, en Almoloya. Nada de barandilla ni amparo a medias. Altiplano directo. El delito que le imputan es de alto calibre: delitos contra la administración de justicia y desaparición forzada, por el presunto ocultamiento y destrucción de evidencias del caso Ayotzinapa.
Según la FGR, no es un chisme de pasillo. Hay dos testigos protegidos. Uno de enero de este año que confirmó que sí existían los videos de las cámaras del C5 y del Palacio de Justicia de Iguala de la noche del 26 de septiembre de 2014, y otro de mayo que asegura que fue el propio Aguirre quien dio la orden de "desaparecer cualquier evidencia de lo ocurrido en Iguala". Por eso el juez le dictó prisión preventiva. Él pidió la duplicidad del término, pero por lo pronto, dormirá en el penal de máxima seguridad.
Les confieso que pese a los años que llevo dentro del periodismo, nunca fui de los comunicadores consentidos y menos amigo de don Ángel Aguirre, y tampoco nunca me interesó serlo. Pero eso sí, como me gustaba escuchar sus anécdotas de vida, porque hay que reconocer que es muy buen orador, aunque de gobernador dejó mucho que desear. Dos veces en Casa Guerrero, la primera como interino del PRI del 96 al 99 y la segunda con el PRD del 2011 al 2014, y las dos terminó renunciando por crisis. Eso también es historia.
Yo no sé si sea un chivo expiatorio como se ha rumorado, lo que sí creo es que tampoco puedes detener a una persona simplemente porque alguien más te vino a decir que medio escuchó lo que platicaban. Bien dice la ley que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Pero dejemos el tema jurídico a un lado y hablemos de la deslealtad, que es lo que más cala.
En lo personal, yo soy una persona muy agradecida y jamás se me olvida lo que otros hicieron por mí y siempre trato de regresar lo mismo, y por eso me molestan mucho los malagradecidos.
Y aunque nunca he sido fan de Papá Layo, sí considero que durante sus años en la política, cuando militó en el PRI y luego en el PRD, hizo a muchos "políticos" y también a nuevos ricos en Guerrero. Les dio candidaturas, les dio direcciones, les dio obra, les dio poder. Aunque algunos ya ni se acuerden y hasta lo nieguen, igual que Judas negó a Jesús. Pero la vida y el karma habrán de recordárselos algún día.
Por eso me pregunto: ¿dónde están algunos de esos personajes que antes se le ponían hasta de alfombra? ¿Dónde está el ex senador camaleónico Sofío Ramírez, que ahora le rinde pleitesía a Félix Salgado Macedonio? Ojo ahí, don Félix, porque un malagradecido lo será toda su vida, esos nunca cambian. Ayer priistas, hoy perredistas, mañana morenistas. La chaqueta es la misma, solo cambia el logotipo.
Y es que a sus 70 años de vida, don Ángel apenas empieza a contar la verdadera historia. Porque lo que se viene en el Altiplano no será un rosario ni un anecdotario, será la historia sin censura de Guerrero. Y si decide hablar, que no le quepa duda a nadie que dará mucho de qué hablar, porque en esa historia saldrán a la luz nuevos nombres, nuevos cómplices y muchos de esos Judas que hoy se persignan en las misas pero que mañana temblarán cuando los mencionen en la audiencia.
En fin, diría el mismísimo Ángel Aguirre: la política es así y los malagradecidos sin memoria también. Y no cabe duda de que está bien dicho ese refrán de que necesitas caer en desgracia para conocer a tus verdaderos amig@s.
Y no me lo tomen a mal, solo es una reflexión, les aseguro que nada personal...
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