
Por Carlos Ortiz Moreno
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Esta fue mi intervención y petición que la hice con el corazón en la mano y pensando en los compañeros que son más viejos que yo y ahí se encuentran en solitario, sin el reconocimiento cabal de nadie, ni siquiera del gremio. Casi olvidados...
Discurso
Amén de agradecer esta ceremonia, me gustaría abordar brevemente tres temas que los periodistas hemos pugnado desde hace muchos años.
1.- Rescate de la memoria periodística. Acapulco tiene una hemeroteca que lleva años abandonada y echándose a perder. Para quienes lo conocieron la idea fue de mi padre Carlos Ortiz Ortiz (si lo dudan pregúntenle a la IA o a Gemini o cualquiera de las actuales herramientas de búsqueda) y fue, en los noventa, inmediatamente secundada por todos los directivos de los entonces medios impresos que eran muchísimos. Pero conforme fueron apareciendo nuevos mecanismos de comunicación, la situación cambió.
Desaparecieron los medios impresos y se formalizaron los digitales.
Acapulco fue el municipio donde más abundaban los periódicos, pero solamente había tres que funcionaban como auténticas empresas periodísticas. El tiempo los hundió. Diario 17, toda su historia hemerográfica, fue vendida como papel viejo.
Novedades de Acapulco desapareció su historia por capricho de los dueños, riquillos que perdieron sus dineros fáciles del gobierno, y que no supieron lo que tenían en sus manos.
Esos personajes también quisieron desaparecer los derechos laborales de quienes les sirvieron para engrosar sus bolsillos. A la fecha, más de un centenar de trabajadores buscan que la justicia laboral llegue a ellos con la demanda colectiva que está pendiente de resolverse. El edificio está en remate y su compra será el pago de los derechos laborales reclamados legalmente.
El Sol de Acapulco, con sus nuevos herederos del consorcio, también desapareció su hemeroteca de casi 50 años. Cientos de libros que almacenaban la historia periodística de Acapulco y parte de Guerrero simple y sencillamente desaparecieron. Nadie sabe dónde está ni qué pasó con esa joya. Habían dicho que se iba a digitalizar con la colaboración de una empresa norteamericana, pero solamente quedó en el dicho.
De todos los periódicos de Acapulco, El Sur es el único que parece haber entendido que cuidar la memoria es importante.
Los huracanes Otis y luego John hicieron lo que tenían que hacer: destruir lo que estaba mal hecho. La hemeroteca fundada en Acapulco está en estado crítico. Seguro no aguantará otro fenómeno hidrometeorológico.
¿Qué hay qué hacer? Rescatar la hemeroteca de Acapulco con las técnicas modernas de la digitalización. Ojalá los legisladores del Congreso de Guerrero puedan intervenir exhortando a las autoridades porteñas que se haga antes de que sea demasiado tarde.
Y lo mismo sucede con las ciudades importantes del Estado en donde, definitivamente, existe poquísimo material físico que haya que recordar y rescatar.
Acapulco también tenía una Comisión Editorial cuya responsabilidad era la impresión de libros. Vaya que sí hacen falta a estas nuevas generaciones de periodistas y no periodistas. Cuánta historia hay que contar.
Con empujones y empeño logramos consolidar nuevamente la figura del Cronista de la Ciudad en Acapulco a efecto de que haya una persona que cuide ese legado que, tarde que temprano, habremos de dejar a las nuevas generaciones. Ojalá que el Ayuntamiento de Acapulco, en esta última etapa, logre apoyar ese punto.
2.- A finales de los ochenta, el gobierno de José Francisco Ruiz Massieu creó el Fondo de Apoyo a los Periodistas y promulgó la Ley de Bienestar de los Periodistas. La intención era importante: proteger no solamente la integridad de quienes informamos a la sociedad sino de buscar la protección laboral para todos los reporteros del Estado de Guerrero que ese entonces era un volado de la suerte.
Pero también se ha ido quedando en la obsolescencia. Han surgido otros mecanismos de comunicación más modernos, con mayor tecnología y más amplitud para la cobertura informativa, pero la Ley se quedó paralizada. Se habla solamente de los medios de comunicación tradicionales como de la prensa escrita, la radio y la televisión.
Hoy la prensa escrita casi no existe y la radio y la televisión parecen pasar momentos difíciles por el mantenimiento económico de las producciones.
Lo que sí han surgido, creciendo como pasto bueno y como pasto venenoso, los medios digitales de comunicación en donde no hay trabajadores porque quienes los realizan o difunden son los mismos comunicadores.
Respetuosamente hemos hecho llamados a los integrantes de las anteriores Legislaturas para que nos podamos sentar entre todos los interesados y no dejemos pasar ese detalle legal porque hay que recordar que somos el único estado en el país en donde el gobierno del Estado opera un Fondo de Apoyo para Periodistas que otorga apoyos de salud, capacitación y bienestar con reglas de operación locales específicas. Hay que actualizarlo y hacerlo más funcional.
En la reforma legal sería bueno contemplar a los jóvenes editores que son los que hacen más limpio el trabajo de la nota diaria que, muchas veces, el reportero no sabe construir ni gramatical ni ortográficamente para tristeza de quienes sí supimos aprovechar lo maravilloso que fueron aquellas escuelas del pasado donde se obligaba a ser un alumno de excelencia.
Esos elementos de la comunicación también merecen ser contemplados como beneficiarios del Fondo y su respectiva Ley.
Actualmente un poco más del 50 por ciento de quienes integramos ese Fondo de Apoyo a los Periodistas somos personas que no pertenecemos a grupo organizado alguno. Es decir, somos la mayoría y estamos excluidos de las reuniones del comité técnico que decide qué hacer y qué no hacer con los beneficios para los agremiados. Hay que reformar la Ley para que se permita la participación de todos y no solamente de los grupos organizados que, en el pasado, solamente se aprovecharon de esos recovecos para uso personal.
3.- Y un tercer punto lo quiero dirigir específicamente a los compañeros periodistas.
La gran mayoría nos conocemos, sabemos de nuestros traspiés y de nuestras virtudes relacionadas a la actividad informativa. Un elevado porcentaje de los periodistas que han caminado hacia la eternidad en su última fase de vida terminaron solos, olvidados no solamente por la autoridad sino por el mismo gremio.
El consejo que daría a las nuevas generaciones de comunicadores (si les molesta el apelativo de periodistas) es que véanse en el reflejo de nosotros los que ya estamos en la edad más adulta llegando a viejos. No cometan los mismos errores que nosotros cometimos.
Jamás, nunca, se autocensuren como nos censuraron las empresas en las que trabajamos en el pasado. Pero también hagan buen uso de la libertad de expresión que, lo quiero recalcar, no es exclusiva de los periodistas, reporteros, fotógrafos, fotoreporteros, fotoperiodistas o como quieran llamarse.
Úsenla de manera correcta, sin menospreciar a nadie y mucho menos sin lanzar epítetos insultantes.
Usen la libertad de prensa con la medida del auténtico análisis periodístico de fondo, con pruebas y argumentos legales válidos sin filias ni fobias.
¿Saben quién lo va a agradecer a final de cuentas? Los ciudadanos, los lectores.
No se enfoquen y encierren en ese terminajo de las redes sociales que los menosprecia a ser solamente considerados como “creadores de contenido”. Hay que ir más a fondo.
En una palabra: no dejemos morir al periodismo que construye ciudadanía sin aplaudir ideologías o anteponer compromisos.
Gracias por este esfuerzo de reconocer la trayectoria periodística. Ya en el pasado, el Congreso había otorgado ese premio, pero dejó de hacerlo sin argumento alguno.
Todavía hay muchos compañeros que son más viejos que nosotros, no tengan duda. Allá están, lo repito, olvidados por todos nosotros, sin alguien que los respalde.
Cada quien construyó su presente en el pasado y seguro enfrentará el futuro con buenas o malas consecuencias.
Gracias nuevamente
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