
Por Andrés Arias Jurado
Fotos de Carlos Jiménez Yamamoto
Acapulco, Gro., a 08 de junio de 2026.- El fuerte oleaje producido por el paso de la tormenta tropical Boris frente a las costas de Guerrero ya dejó una huella física profunda y preocupante a lo largo de nuestra franja turística.
La severidad del oleaje no solo es por el paso de un fenómeno meteorológico el que ha provocado un daño estructural que impacta directamente en el corazón económico del estado sino de nuestros destinos turísticos.
La lista de afectaciones es extensa y nos obliga a hacer una pausa reflexiva. Desde la Costa Chica, vemos daños críticos en puntos clave como El Faro o Punta Maldonado del nuevo municipio de San Nicolás, las Peñitas, Playa Tortuga, La Bocana de Marquelia, hasta Copala forma parte con los reportes de Playa Azul y Playa Ventura.

Y no podemos olvidar el eje turístico neurálgico: En Acapulco, el oleaje ha impactado severamente a Pie de la Cuesta, además de las zonas comerciales de Puerto Marqués y Revolcadero.
Incluso hasta Coyuca de Benítez, con daños en La Barra, nos recuerda que ningún rincón de nuestro estado escapa a su poderío natural.
La Reflexión
Pero lo más doloroso no es el hotel dañado o la enramada derribada. Es el pilar invisible que se resiente: el sustento diario. Cada negocio afectado —desde los restaurantes costeros hasta las pequeñas emramadas— representa un núcleo familiar entero en aprietos y lo peor está por venir si es que la tormenta tropical llega a tocar tierra.
Sabemos que si eso sucede, la recuperación será lenta y ahora si exigirá más que solo ayuda externa; requerirá la articulación inmediata entre las autoridades, las cámaras de comercio locales y, sobre todo, la mano de obra guerrerense misma.
Este reporte debe ser el inicio de un posible diálogo para la reconstrucción, y que este no solo sea un listado de pérdidas provocadas por un fenómeno meteorológico llamado Boris. Estos reportes nos recuerdan, una vez más, cuán poderosas son nuestras costas y cuán frágil es todo lo que construimos sobre ellas.
Recuerden siempre que, aunque el titular hable de daños o pérdidas económicas, la historia detrás de cada muro caído o cada enramada derribada es la de una familia, de un esfuerzo diario. Ese relato es el que debemos seguir contando.
El trabajo nunca termina con el atardecer, porque aquí en Guerrero la vida —y las historias— no paran. Siempre hay un ángulo, siempre hay un detalle por desenterrar.
Por hoy, hasta aquí mi crónica. Cuídense mucho ustedes y a sus familias. Y recuerden: el periodismo es una vela que nunca debe apagarse. Estaré pendiente de cualquier novedad o historia que necesite ser contada con la verdad.
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